Marcelito Gonda Treil, Michelangelo para su familia, ya no distinguía la vida. Hacía mucho rato que las decepciones se habían tornado confusas y sensacionales para él y no dudó en acercarse por primera y única vez a la demencia de la gente desconocida. Pensaba que las voces y los apellidos extravagantes, más que el suyo, destilaban algún tipo de ironía efusiva.Solía caminar horas de horas por las estrechas callecitas de Contorcile con el objetivo de descubrir algún tipo de artimaña por parte de los vagabundos o quizá por parte de los niños más egoístas de la ciudad, expresaba emoción, expresaba vistocidad, agallas y cuando se ocultaba el sol mezclaba cada sensación generando una aún más fuerte que utilizaba para inspirarse a pintar(no por gusto su familia le llamaba Michelangelo).
Marcelito Gonda Treil, Michelangelo para su familia, trataba a sus lienzos y pinceles con una ternura de madre y esperaba paciente la culminación de sus ideas. Sin embargo, aún no llegaba el día en el que alguna de sus pinturas le refrescaran, le llenaran de esa alegría loca que causa el llanto, le enamoraran y sedujeran como esa mujer esbelta y perfumada que ahora, cada tarde caminaba junto a él por las estrechas callecitas de Contorcile.
Amanda, aún recodamos a Amanda, dulce, Amanda, suave, Amanda, precisa, exquisita, sublime y sibarita; Amanda.
Amanda, Amanda y punto para Marcelito Gonda Treil, llevaba ya varios años dibujándole a su perfecto Marcelito, Michelangeloe para su familia, las hojas secas en la hierba y lo amarillo que puede tornarse el cielo si lo miras al revés por un buen rato. Ambos escapaban y se tumbaban a sonreír y respirar, era una sensación vertiginosa y agradable también, fogosa cuando la situación se colmaba de besos y caricias pasajeras y poco duraderas.
Marcelito Gonda Treil, Michelangelo para su familia y ahora Marce para Amanda, no distinguía la vida, su mente se nublaba y no saciaba el hambre de pintar hasta que sus huesos se resquebrajaran, rogaran y clamaran por un poco más de amor, no distinguía la vida hasta que Amanda, Amanda y punto para Marcelito, llegara con su melosa voz a elevarlo hasta las estrellas inexistentes.
Quizá algún día se llegaron a amar, no lo sé, no lo sabré, y ustedes tampoco lo sabrán.
Amanda, Amanda para Marcelito Gonda Treil, recapituló en él la veracidad de sus actos, la ironía de sus palabras y la pericia de sus manos... sus manos, que lograron derretir en él a su corazón por primera y única vez en su ahora maravilloso sueño del cual quizá algún día despertará.
*Michelangelo di Lodovico Buonarroti Simoni : Escultor, arquitecto y pintor italiano, considerado uno de los más grandes artistas de la historia.
Su pintura y escultura perteneció al movimiento Renacentista.



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