I
Creo que fueron las hojas verdes y empalagosas las que me obligaron a llorar. Ha pasado tanto tiempo, lo recuerdo, claro que lo recuerdo; no precisamente como un sueño, no creo haber tenido culpa alguna, fue casual, sin embargo, no me sentí tan mal...
"Yo nací rodeada de un aire muy pintoresco, en una casa que ocupaba casi toda una manzana.
Cuando tenía diez años, recuerdo que mi mirada se desviaba reiteradas veces hacia Aisha... Aisha, una de las tantas mucamas que aseaban incesantemente mi hermoso "Palacio Imperial" y también... mi mejor amiga. Aisha era distina. Ella era limpia, culta, interesante, siempre tenía las respuestas exactas para cada pregunta con la que yo atacase y de alguna manera llenaba de brillo cada habitación por la que se le ocurriera volar.
Por las tardes solíamos sentarnos en la "Floresta"(así llamábamos a nuestro jardín secreto) para llevar a cabo largas plácticas sin importancia, reir un rato y beber limonada colorida en copas exagerádamente grandes; ella con un cigarrillo en la mano solía exigirme muy sutilmente que arreglase su cabello. Me gustaba arreglar su largo y brillante cabello amarillo y adornarlo con pequeños listones verdes, tan verdes como sus ojos.
Aún no comprendo porqué mi madre nunca reprochó el comportamiento de Aisha, ella era una mucama, no podía andar por el palacio como una princesa más, yo era la pricesa, la princesa de mami; sin embargo, no me molestaba.
Era extraño que no me incomodase porque yo era una niñita engreída y egocéntrica; que buscaba la atención de todos, de todos menos de Aisha. Ella me prestaba atención todo el tiempo sin molestia alguna, le gustaba atenderme y ahora me doy cuenta que Aisha jamás necesitó trabajar en mi "Palacio Imperial", ella tenía todo lo que siempre quiso, no solo era rica en conocimientos, sino también en aspectos materiales. Vivía en una casa hermosa alejada de la ciudad y de los repetitivos ruidos de zona comercial. Ella necesitaba paz, era literata y su vida, después de mi, era escribir largas obras ó pequeños cuentos que luego me leía cada noche después de ver SINDOQUIRAS* en la televisión. Creo que la razón por la que no renunciaba era... YO, me amaba y yo lo sabía muy bien, no creo que pudiese haber imaginado en algún momento de su vida, estar alejada de mi, y no la culpo; yo la amaba también.
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Mi "palacio" no era pequeño, pero tampoco el más grande. Lo primero que saltaba a la vista era la colosal puerta de metal decorada con figuras extrañas que abría paso a un camino de piedras naturales rodeado de gigantescas hectáreas verdes y árboles de cedro y roble. Al entrar a mi "Palacio" ya se podía sentir un aroma a egocentrismo y apariencias, era un buen aroma, lo sé.