Parece un concierto de hormonas epicúreas, un cauce vacío esperando ser devorado por las sensuales gotas negras al anochecer. Es quizás un deseo carnal, un juego equivocado, mundano, impúdico y sexual.
Tan fuertes son las palabras cuando me trenzas con tus brazos, pueden llegar a convertirse en acechantes punzadas en la piel.
Las ansias desaparecen, el tiempo transcurre lentamente, y ahora los deseos son sempiternos para mi ávido ser... (aun no esta terminado)
lunes, 27 de octubre de 2008
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